¿Cómo no iba a leer a uno de los escritores más traducidos y leídos en el mundo? y ¿cómo no iba a escoger precisamente su obra más conocida?
Por fin, después de años en mi lista de lectura y en mi biblioteca, leí El Alquimista. Una lectura sencilla y rápida en la que se cuenta la historia de Santiago, un pastor que abandona España y se dirige a Egipto con el objetivo de buscar un tesoro. El quid del asunto está en que se trata de un libro simbólico (como lo advierte el autor desde el comienzo) y por lo tanto los personajes con quienes se cruza Santiago, las pruebas a las que debe enfrentarse y las conversaciones que sostiene deben interpretarse más allá de lo que textualmente está escrito.
Tiendo a ser bastante escéptica con este tipo de literatura y por eso traté de enfocarme en disfrutar la narración. Al final tengo dos opiniones sobre El Alquimista. La primera es que se trata de una novela corta entretenida, fantástica y muy ingenua, en donde los personajes no tienen demasiada complejidad y todo se resuelve con el simple deseo de un corazón sincero. La segunda es que se trata de la introducción de una especie de doctrina espiritual llena de conceptos esperanzadores como la Leyenda personal, los guerreros de la luz, las señales que te da la vida, el principio favorable, el Alma del mundo, la prueba del conquistador y la famosa frase «Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo».
Ahora que leí El Alquimista entiendo a quienes aman y odian a Coelho.
Cuando todos los días parecen iguales es porque las personas han dejado de percibir las cosas buenas que aparecen en sus vidas siempre que el sol cruza el cielo.

