Pensé que La vegetariana era algún tipo de historia de terror sangrienta, que lo iba a leer y no me iba a gustar. Pero no solo no se trata de eso, sino que es una novela profunda llena de reflexión y de arte. Creo que no todos los que escribieron sobre la obra de Han Kang cuando se ganó el Nobel la habían leído.
La protagonista de la novela es Yeonghye, una mujer surcoreana de una familia normal, casada con un esposo normal, quien de repente empieza a tener sueños perturbadores y deja de consumir carne. Aunque parece que este es el tema central, en realidad el vegetarianismo de Yeonghye es la excusa para suscitar reflexiones alrededor de las relaciones de poder familiares, los traumas, el peso de las expectativas y la salud mental.
Otros dos personajes que tienen un peso importante en la novela son Inhye y su esposo. Ella, como hermana mayor de Yeonghye, se preocupa por su salud y la cuida aunque no deja de sentir que se trata de un problema innecesario que llegó a alterar su vida «perfecta». Él, un artista con poco éxito, no es feliz en su matrimonio y siente una atracción particular hacia Yeonghye que desencadena una serie de hechos inusuales, sugestivos, eróticos y poéticos.
La vegetariana me dejó con esta idea de que al final todos tenemos una fragilidad más o menos visible, todos hacemos esfuerzos para seguir adelante a pesar de ella y todos estamos a unos cuantos acontecimientos de rompernos en mil pedazos. Yeonghye simplemente no pudo vivir más tiempo con eso adentro y dejó que saliera, se liberó.
De pronto sintió que había pasado por todo lo que se puede pasar en este mundo, que se había hecho viejo, que podía morirse en ese mismo instante sin sentir miedo alguno.

