Conocí a Leila Guerriero gracias a los artículos que publica en El país y me encantó su forma de escribir directa, realista y valiente.
Quería leer más de ella y encontré este libro que es una especie de crónica literaria sobre los suicidios ocurridos en los años 90 y en particular en 1999 en un pueblo de la Patagonia argentina llamado Las Heras.
En este libro la autora nos cuenta cómo se interesó por esta historia y viajó hasta Las Heras para tratar de entender qué estaba pasando a través de la observación y de entrevistas con familiares, amigos y conocidos de los suicidas.
Con ella vamos descubriendo un territorio hostil caracterizado por el viento, la aridez y los tonos grises, una región sin esperanza que cambia cuando llega el petróleo con sus promesas de progreso y trabajo para todos. Conocemos también las historias de familias específicas que llegaron allí precisamente buscando ese futuro soñado, pero que ahora se encuentran ante la tragedia del fin de la bonanza, el desempleo y sobre todo, el suicidio.
Al final no hay una conclusión clara, una explicación que le de sentido a todo y cierre el relato como una gran revelación, pero sí hay una serie de pequeños hallazgos que de alguna forma parecen decir que la relación entre los suicidas es vivir ahí, en ese fin del mundo sin oportunidades, sin ilusiones, sin ganas de vivir, en algunas ocasiones en medio
de situaciones de violencia intrafamiliar o abandono, olvidados por el gobierno central…Este es un libro que se lee fácilmente y que invita a la reflexión con el estilo de Guerriero, que es objetiva, no juzga y no deja de ser honesta.

