Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día

Libro Lo mejor de Octavio Paz

¡Qué libro tan difícil! Ya he comentado en más de una ocasión que los libros de poesía me parecen difíciles de leer, pero este supera a cualquiera que haya leído antes. Muchos textos fueron totalmente incomprensibles para mí y, a pesar de ser un libro mediano, tardé más de tres meses en terminarlo porque me costaba encontrar la motivación para abrirlo y seguir leyendo.

Para mí la poesía es muy personal e interpretarla es tan difícil como entrar en la mente de otra persona en un momento específico de su vida. Mientras leo y trato de imaginarme lo que evoca el autor, pienso ¿qué lo habrá inspirado a escribir esto?, ¿qué habrá sentido mientras lo escribía?, ¿realmente estaré entendiendo algo de lo que quería transmitir? Creo que en eso la poesía deja mucho más espacio para la interpretación que la novela y el lector siempre verá lo que quiera ver, según las experiencias que ha vivido en su vida, su estado de ánimo, entre otras cosas.

Hay algo adicional en la poesía de Octavio Paz que no la hace tan sencilla y es el hecho de que en ella muestra su erudición, pues sus poemas no solo hacen referencia a vivencias “normales” de la vida de una persona, sino que mencionan lugares, personas, mitos y, en general, conceptos que solo pueden ser comprendidos por alguien que realmente tiene una muy amplia cultura general. En este sentido, me declaro culpable de que mi nivel de cultura no llegue a esa extensión.

Cabe destacar que algunos de los poemas o términos son explicados por el mismo autor en secciones incluidas al final de cada sección del libro, lo que ayuda a entender un poco más su motivación y sus referencias, pero no le resta complejidad a sus poesías.

Creo que este no es un libro para principiantes en el mundo de la poesía, creo que hay que haber leído mucho y conocido mucho para realmente llegar a apreciarlo, creo que volveré a leerlo en unos 10 o 20 años para comprobar si me he convertido en el tipo de lector al que estaba destinado.

Las palabras son puentes.
También son trampas, jaulas, pozos.
Fragmento del libro Lo mejor de Octavio Paz

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