El viajero del siglo

Libro El viajero del siglo de Andrés Neuman

¡Qué novela tan maravillosa! Empecé leyéndola pensando que se trataba de la historia de un viajero del tiempo; después de leer algunos capítulos creí que iba a ser una historia mágica y al final me encontré con que fui yo quien viajó en el tiempo al leer la novela: fui parte de un salón del siglo XIX en un pueblo mágico, tanto por sus historias, como por sus habitantes.

El viajero del siglo transcurre en Wandernburgo, una ciudad que en realidad no existe, pero que dentro de la novela ha vivido la historia pasando de Sajonia a Prusia, manteniéndose católica a pesar de vivir rodeada de protestantes y siendo testigo de los cambios de pensamiento de la sociedad a lo largo de los siglos.

La llegada a este lugar se produce gracias a Hans, un viajero típico de la época, que se dedica a traducir y escribir mientras recorre el mundo. La casualidad hace que Hans llegue a esta ciudad y sienta la necesidad de quedarse en ella durante algún tiempo, aún cuando esto no esté en sus planes. Durante este tiempo Hans entablará relaciones con algunos de los habitantes de la ciudad, introduciéndonos en las formas de pensar y vivir de posaderos, mendigos, nobleza venida a menos, obreros, profesores, comerciantes, aristócratas y viajeros.

Hay dos relaciones en particular que marcan toda la novela por su profundidad, que son las que Hans establece con el organillero y con Sophie. El organillero es un hombre pobre que vive de limosnas, pero no necesita nada más para ser feliz. Su sabiduría y su personalidad lo convierten en un amigo invaluable para Hans y lo ayudan en sus reflexiones sobre el mundo en el que tuvo que vivir. Por otro lado, Sophie es la hija de una familia noble venida a menos y, siendo una de las personas más educadas de la ciudad, todos los viernes es la anfitriona de un salón en el que reúne a los intelectuales de la ciudad.

Para mí seguir las discusiones del salón de Sophie fue lo más fascinante de la novela, pues he leído obras en las que se mencionan, he visto películas en las que se muestran, pero nunca me había sentido partícipe de uno de ellos como lectora o como espectadora hasta ahora. Esta novela realmente permite entender lo que era un salón del siglo XIX y la erudición de la época, pues los intelectuales que asisten hablan con la misma propiedad de política, literatura, arte, historia, geografía, viajes, sueños y cualquier tema que se les ocurre. Además es maravilloso cómo disienten pero no entran en conflictos innecesarios, porque todas las opiniones son válidas y merecen ser escuchadas.

Para complementar todo lo anterior, Neuman agrega el toque de suspenso con un enmascarado misterioso que acecha a las mujeres de la ciudad. Pensé varias veces que este componente adicional ya era innecesario, pero la verdad es que a esta novela no le falta ni le sobra nada. Es de lo mejor que he leído en mi vida.

Pronto descubrí que los buenos modales no servían para ser buena, sino para ser mala sin que se notase.
Fragmento del libro El viajero del siglo de Andrés Neuman

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